Es fácil darse cuenta nada más llegar a la India que aquí están locos por el oro y la seda. Hay tiendas por todas partes y gigantescos anuncios en medio de ningún lugar, encima de una humilde casa, entre cocoteros, delante de un campo de arroz... Ayer, en el camino de Sultan Bathery a Fort Cochin, otra antigua colonia portuguesa donde nos encontramos ahora, mientras descendíamos a un valle impresionante, enterrado casi en las nubes, y atravesábamos preciosos jardines de té, vi cientos de ellos y decidí hacerles algunas fotos para que os hagáis una idea. Las razones exactas de por qué les gusta tanto lo dorado, las desconozco. Serán culturales, claro. Pero la verdad es que mires donde mires, en cualquier lugar, todas las mujeres llevan algo de oro, hasta las más humildes. Y si no es oro, brillará como si lo fuera. Y si no es seda, también brillará como si lo fuera. Así es la India.
El viejo puerto de Tánger, en plena remodelación Dicen de Tánger que cuando llegas en barco, de lejos, se ve blanca, pero cuando te acercas, en realidad es gris. Su cosmolita pasado internacional se desmorona ante los ojos impasibles de los tangerinos. Cuidar lo que no sientes como tuyo es algo que a todos nos resulta difícil. Las maravillosas fachadas blancas, de estilo hispano lusitano, se caen, literalmente, a trozos. Los rótulos de los antiguos establecimientos no se limpian desde que se fueron los últimos colonos. Sin embargo, la vida sigue bulliendo como no podría ser de otra forma, teniendo en cuenta la impresionante ubicación de la ciudad, asomada a una preciosa bahía natural que da la espalda al inhóspito océano para convertirla en "la más mediterránea de las ciudades atlánticas". El viejo puerto está en plena transformación. Tras la construcción del gran Tánger Med , junto a Melilla, se anuncia una gran reforma orientada a recuperar este espacio para el ocio ...







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