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MUMBAI SIN SECRETOS

Ayer nos lanzamos a recorrer Mumbai sin haber tenido tiempo casi de mirar la guía. Mateo había memorizado el mapa para poder movernos con cierta orientación (y saber volver al hotel) y nada más. Sólo sabíamos que teníamos que ir al barrio de Colaba, que está relativamente cerca de nuestro hotel, unos 30-40 minutos andando. Por lo que se ve es el barrio de moda, sobre todo en verano, su temporada alta, que aquí es de octubre a marzo, aproximadamente. Ahora es la época mala porque llueve. Pero a mí me gustan los sitios de playa fuera de temporada, me parecen más melancólicos, la luz es más bonita y, sobre todo, no hay tanta gente.

Lo primero que visitamos fue la estación de trenes, patrimonio mundial de la Unesco. Un edifico impresionante y precioso (podéis ver una foto en la entrada anterior), lleno de vida, qué digo lleno, abarrotado! Hay tanta gente dentro que los pocos bancos que hay se llenan enseguida, así que colocan una especie de balizas para acotar zonas donde los viajeros puedan tirarse en el suelo, literalmente, y esperar sus trenes. Luego fuimos a visitar la famosa Puerta de la India, un arco conmemorativo que hicieron los ingleses a principios de siglo para celebrar la visita de la reina a una de sus más prósperas colonias (podéis ver otra foto en la entrada anterior). El espectáculo era interesantísimo: decenas de fotógrafos se arremolinaban en torno a los turistas (nacionales la mayoría, por cierto, hasta Mumbai no se acerca casi nadie y menos en esta temporada), para ofrecerles sus servicios exprés: te hacen una foto con sus réflex y sus flashes incorporados y te las imprimen en un segundo en las pequeñas impresoras térmicas que llevan en sus macutos. Alrededor de la Puerta, en el paseo marítimo, muchos puestos callejeros de todo tipo, desde los que venden comida (hay por todas partes) hasta los que venden abanicos de plumas de pavo real preciosos, y carrozas plateadas llenas de flores para que las princesas se paseen. Y de fondo, magníficos edificios residenciales, flanqueados por soberbias palmeras cocoteras, donde no me importaría vivir una temporada

Seguimos paseando por ese barrio estupendo y fuimos a dar a una tienda de libros de diseño y arte que, desgraciadamente, estaba cerrada. Hoy volveremos porque estaba junto a un restaurante con buena pinta donde hoy tenemos previsto cenar, el Índigo, que hoy hemos leído en la guía que también lo recomienda pero ya nos habíamos dado cuenta antes que era el bueno :) A su espalda, el gran hotel Taj Mahal, discreto y sencillo como no os podéis ni imaginar. Cuenta la guía que lo construyó un indio que se enfadó porque no lo dejaron entrar a un hotel de guiris (?). Callejeando llegamos a otra zona llena de tiendas. Dicen de Mumbai que es la gran central de compras de la India. Y me lo creo. Hasta Mateo se animó: se compró unos Clarks chulísimos, tipo zuecos Crocks pero de piel, por 35 euros (en España deben valer 100 como mínimo), y es que aquí en la India lo de los zuecos y las sandalias es como las babuchas en Marruecos, imprescindible, porque allá donde vayas, sobre todo en los espacios privados o religiosos (hay templos en cada esquina y te dejan visitarlos con mucha amabilidad), hay que entrar descalzos. Para reponer fuerzas fuimos al Leopold, un café que luego hemos sabido es famosísimo. Nosotros tuvimos claro que era el bueno porque vendían cerveza fresca y eso no es fácil de encontrar aquí.

Cenamos dosas y lassis y nos fuimos temprano a dormir para recuperarnos. Las dosas son una especie de crepes finísimas y crujientes que rellenan de verduras y te sirven acompañadas de salsa de coco y otra roja que no conseguiré aprenderme el nombre porque son dificilísimos de memorizar pero facilísimas de comer! Y los lassi son unos batidos de yogur y frutas también muy ricos. 

Hoy os escribo desde un Starbucks donde hemos recalado en busca de wi-fi y algo fresco que tomar después de callejear por otra zona comercial más popular que la de ayer pero llena de tiendas de papeles para perder el sentido, de todos los colores y estampados, hechas de diferentes fibras, incluido el plátano (que aquí están buenísimos, por cierto) y comer unos ricos nuddles (fideos) con albóndigas vegetarianas (yo) y un plato de arroz rojo picante con salsa y las mismas albóndigas (Mateo) en un puesto callejero abarrotado de indios, por 60 rupias (0,75 euros los dos). Los dos té fríos que nos estamos tomando nos han costado más: 250 rupias (3 euros). Así es la India. 

Dónde están las terrazas
En Mumbai no hay terrazas ni terracitas ni bancos a la sombra ni fuentes públicas ni jardines abiertos. Es absolutamente cierto, lo cual es rarísimo dada la temperatura tropical que tienen. Es verdad que llueve pero en Marruecos ya te habrían puesto cuatro cañas y unas hojas de palmera. Pero no, en la India no se se sientan ni para comer. Aquí nadie está parado, es difícil ver a unos abuelos o unas mujeres charlando en la puerta de un comercio o una casa, por ejemplo. No tienen tiempo. Me recuerdan al conejo de Alicia en el País de las Maravillas, que siempre iba corriendo a todas partes. Ayer asistimos perplejos a una situación que resume bien el carácter indio. Un señor volcó su té en el plato y se lo bebió desde ahí. Por qué? Para que se le enfriara antes y no perder tiempo! También es verdad que si abrieran los parques (estamos al lado de uno precioso, circular, que se puede visitar desde la valla) o pusieran fuentes en cada esquina, el personal se les desmadraría, dada la cantidad de gente que vive aquí. Me preguntó qué sentirá un finlandés en la India... porque a nosotros, los mediterráneos, estos amontonamientos nos llaman menos la atención, estamos más acostumbrados, verdad?

Ahora nos dirigimos a la Universidad, que está aquí cerca y dicen que también es preciosa, y a visitar la sede del Festival de Foto de Mumbai, Focus, a ver si hacemos contactos!

Os dejo con una frase que he leído esta mañana en la agencia de viajes donde hemos ido a comprar los billetes de tren a Goa, Akbar Travels. Nos vamos mañana por la noche, viajaremos en litera con aire acondicionado, son unos 800km, llegaremos a las 9 de la mañana y cada billete nos ha costado 18 euros. Hemos ido a la agencia porque compensa pagar la comisión y no hacer las infinitas colas caóticas que hay en la estación. La frase resume bien su manera de estar en el mundo:

"A life spend making mistakes is not only more honorable but useful than a life spent nothing"
(una vida gastada en cometer errores no sólo es más honorable sino más útil que una vida gastada en no hacer nada). 

Así son ellos!

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