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MI PRIMERA NOCHE EN UN TREN INDIO

Ayer por la noche, a las 21,30h, después de una reconfortante ducha de cortesía en el hotel, nos fuimos a Victoria Station a coger nuestro tren, que nos traería hasta la siguiente región, Goa. Al llegar, el bullicio, la actividad incesante, cajas por aquí, carros por allá, gente sin fin... me asustó. En realidad, lo que me pasó es que había estado leyendo un blog muy chulo de tres chicas, una de ellas española pero residente en Mumbai (historiasdelaindia.com), en el que cuentan sus experiencias aquí y dan consejos. Entre las cosas que escriben, dicen que si viajas en tren por la noche (lo cual es muy frecuente en la India dadas las enormes distancias que hay, lo mal que están las carreteras y lo bien que funcionan los trenes, herencia británica), mejor llevar candado para el equipaje. Eso, unido a que los compartimentos no tenían puertas sino cortinas y todo lo que mi hermano me había contado de camioneros que drogan mientras duermen y le roban todo, me hizo pensar que no pegaría ojo en toda la noche. Ningún problema, iba cargada de cosas que leer y hasta llevaba mi nuevo esmalte de uñas para pasar el tiempo.

Lo primero que hicimos fue redistribuir literas con los otros pasajeros. Eran seis por compartimento y nos habían dado una arriba y otra abajo. Negociamos con una pareja muy maja y le cambiamos la nuestra de abajo por la de ellos de arriba, para ir los dos juntos. Por un momento pensé que iríamos solos porque llegamos temprano pero ya he aprendido que en la India nunca viajas sola, ni siquiera queda un asiento libre nunca. Yo me subí la mochila y el bolso arriba, con gran dificultad, porque estaban bastante altas, dispuesta a pasar la noche abrazada a las dos cosas. Hasta estaba decidida a subirme los zapatos conmigo! Pero cuando vi el poco espacio disponible, abandoné la idea y le hice caso a Mateo, que me propuso meter la mochila, al menos, debajo de las literas inferiores. Eso sí, antes saqué todos los cargadores, enchufes y demás tecnología por si nos robaban. Sin ropa podía pasar pero sin el cargador de la cámara o el ipad, imposible!

Mientras, iban repartiendo sábanas, mantas y almohadas, que tuvieron días mejores. Las sábanas, al menos, estaban limpísimas y venían empaquetadas directamente de la lavandería, así que cogí dos, una para debajo y otra para taparme porque no estaba dispuesta a que la manta me tocara. Mateo, más profesional, sacó su saco-sábana de seda y hasta se cambió de ropa para dormir pero yo pensé que si me metía en él, cuando tuviera que bajar para ir al baño, me agobiaría, así que hice lo mismo que los indios, sábana del tren y listo. Nos pusimos a leer... y a los tres minutos ya estaba dormida. Me despertaron las mujeres que iban debajo de mi litera, cuando empezaron a recoger la cama porque se bajaban. Pensé que era una parada intermedia, que sería media noche... Y eran las 6,30 de la mañana! Es decir, dormí de un tirón desde las 12 hasta las 6,30, algo que nunca habría imaginado. 

Como ya era de día y el trasiego de gente era imparable, no hubo forma de seguir durmiendo (estaba previsto que llegáramos a Margao, nuestro destino, a las 9 de la mañana). Empezaron a pasar los chicos con desayunos, tés, sandwiches... Yo me atreví con el té pero Mateo se pidió una bandeja que llevaba algo parecido a unas tortitas de arroz con salsa, que también probé y estaban buenísimas. Nos dijeron que picaba, "spicy", pero a mí ya nada me pica. Mami, tus comidas han sido un entrenamiento buenísimo! De ahí, fuimos en rickshaw (esos minitaxis tipo motocarro, de dos plazas, tan prácticos aquí donde casi no hay espacio en las carreteras de tantos vehículos que circulan por ellas) hasta la estación de autobuses, que estaba como a unos 3 kms, y allí a buscar un bus que nos llevara a Panaji o Panjim, cerca de Old Goa, que fue la capital portuguesa de esta zona hasta el s. XIX, y era nuestro destino de verdad porque ya Navia estuvo por aquí y teníamos ganas de ver la huella colonial. Todo el mundo nos había dicho que era una ciudad preciosa. Nos podíamos haber quedado en Margao, que también es famosa por sus playas, pero la verdad, no hemos venido a la India en busca de playas ni sol, y si ya lleváramos muchos días de viaje, pues todavía viene bien un descanso, pero a los tres días de empezar, cuando aún tenemos las baterías a tope, pues no apetecía. El trayecto fue de una hora y nos costó 30 rupias (ni 50 céntimos de euro).

En definitiva, que estaba aterrorizada de pensar en coger un tren indio por la noche y me quedé dormida a los tres minutos de lo agustito que estaba. Así que, supongo, no será el último que coja! Ahora os escribo desde el mejor hotel que hemos encontrado, Bharat Lodge, que está muy bien y sólo nos cuesta 16 euros por noche, la mitad que en Mumbai. Ahora nos vamos a dar una vuelta por la ciudad, a ver esas casas coloniales escondidas en la selva y llenas de color que hemos visto al llegar y son una preciosidad. Besos para todos!

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